13- enero de 2005

(68 cumpleaños de mi padre)

¡Qué casualidad¡

Hoy es el cumpleaños de mi padre y justamente, hoy, me ataca con especial virulencia la puñetera alergia al ciprés.

No hago más que pensar: ¡ no voy a poder beber champaña, con lo que me gusta a mi! ¡joer, esto sólo me pasa a mi! (Pero, ¿quién bebe con corticoides?)

El día transcurre con normalidad (sin novedad en el frente)

Llegan las siete de la tarde, y hay que ir pensando en ir a casa de mis padres. (no me apetece en absoluto)

Nada más entrar por la puerta, mis hijos le dan el regalo a su abuelo (un móvil de última generación), mientras yo me pregunto: ¿para que querrá mi padre un móvil de esos?, si no va a saber ni usarlo. (Debe ser cierto eso que dicen que los ancianos son como los niños: caprichosos).

Mi madre anda liada en la cocina, y para no variar ha preparado cena para 8 personas, pero para que cenen 8 días seguidos.

Acabo de llegar y ya estoy harta de estar allí, ¡QUIERO IRME A MI CASA!

Después de la cena, saca mi madre el pastel, yo sigo sin ganas de nada, estoy verdaderamente agobiada de estar allí, pero como la cosa veo que va para rato, y que no tengo escapatoria, me voy a la nevera, cojo una botella de cava, se la doy a mi marido para que la abra. Empiezo a beber, a pasar de pensar en la alergia y en los corticoides.

La primera botella nos la bebimos entre los 4, la siguiente menos una copa que se bebió mi marido me la bebí yo sola.

Por fin llega la hora de irse a casa, (pero a mi ya me da igual marcharme o seguir allí), le doy las llaves del coche a mi marido, nos metemos todos en el coche, y llegamos volando a casa. (O por lo menos eso me parece a mi).

No se si mañana leeré esto que he escrito, pero lo que si se seguro es que tendré resacón seguro.